El Blog del Centro Hebamme

13.08.2019
Ascensión Gómez López
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Para poder entender en toda su magnitud lo que es el placer, hay que tener en cuenta muchas cosas. Para empezar, definamos las palabra según al RAE: PLACER: del latín "placere". Agradar o dar gusto. Goce o disfrute físico o espiritual producido por la realización o la percepción de algo que me gusta o se considera bueno. Diversión, entretenimiento. Voluntad, consentimiento, beneplácito. Cuando se menciona la palabra PLACER, la mayoría de las personas piensan, automáticamente, en el placer sexual. Sin embargo, el placer sexual es sólo una de las muchas formas de sentir placer.  De hecho, muchas personas asocian de forma automática también placer con orgasmo, y tampoco es así. Ahora hablaremos un poco más de eso. Pero no, el placer no es un orgasmo; o al menos, no solo eso. Imagen de Álvaro Castro @alvarocastrodesign Volviendo a releer la definición, me llama la atención que esté implícito en su contexto la voluntad y el consentimiento. Es muy importante, porque para poder disfrutar del placer, no puede haber coacción, ni sometimiento, ni siquiera desagrado. Pensemos por un momento en todo esto. Si no hay predisposición al placer, sea sexual o del tipo que sea, no hay placer. Debemos querer placer para poder sentir placer. Esto deja fuera, por definición, a aquellas personas que aún hoy, piensan que una mujer que ha sido agredida, en el fondo lo buscaba o le gusta. Esto deja fuera de todo la cultura de la violación, que tanto daño hace a las mujeres. Pero también deja fuera toda relación entre personas si no hay voluntad. No, señores, no nos place en ningún caso. Y también deja fuera eso de "si le quieres, le complaces". Porque entonces, no hay placer. Es otra cosa. El placer es goce, disfrute; es libre y es divertido. Podemos sentir placer de muchas y variadas formas: comiendo una buena comida, escuchando una bonita historia, mirando a una persona que quieres ser feliz, dándote un masaje, metiéndote en una bañera con agua calentita y que huele a flores, dando un paseo, tocándote, tocando otro cuerpo. El placer no sólo está en el sexo, pero en el sexo siempre debe haber placer o no es sexo: es agresión. Dibujo de Ascensión Gómez López Decía antes que sentir placer no es sinónimo de un orgasmo. El orgasmo es como una dosis extra del placer que se siente; un regalo que la naturaleza nos da, a veces. Por eso el sexo no es orgasmo; el sexo es placer, con o sin orgasmo. Si nos marcamos como objetivo sentir orgasmos en nuestras relaciones sexuales, con nosotras mismas o con otras personas, habrá veces en que no sea posible. Y nos frusstrará. Sin embargo, cuando tenemos puesta la visión ampliada y lo que buscamos es sentir placer, cuidarnos y querernos, amarnos y mimarnos, el sexo siempre sale bien, independientemente de si hemos tenido regalos orgásmicos o no. Las mujeres tenemos un órgano del placer. Un órgano cuya existencia sólo sirve para proporcionar placer al cuerpo: el clítoris. Si la naturaleza nos lo puso, será porque el placer es una función corporal vital. El cuerpo es muy ahorrador: si no fuera necesario, no estaría ahí. El placer en las mujeres es importante. Muy importante. Durante miles de años han intentado ocultarlo, dañarlo, repudieralo, extirparlo, para que las mujeres no fuéramos dueñas y señoras de nuestros cuerpos, y nuestro placer. Porque una mujer que siente y goza, es una mujer libre y poderosa, que se defiende y no tolera la sumisión. El placer, y las sustancias químicas que lo acompañan y que se segregan a través del placer, nos hace fuertes, creativas y temibles para el sistema patriarcal que nos había relegado a una posición de sumisión y miedo. El placer también está en las pequeñas cosas. Cada día, deberíamos hacer alguna cosa que nos proporcione placer. Es imprescindible sentir placer para sentirse viva. La vida, sin placer, carece de sentido. No es vida. El placer nos chuta el cerebro de sustancias deliciosamente adictivas: dopamina, serotonina, oxitocina... que nos hacen ser mejores personas, más sociables, más solidarias,  más humanas. Siente, disfruta, goza.  El empoderamiento de la mujer no lo da nadie; se consigue sintiendo el poder del placer por vivir. Ahora dime, ¿qué has hecho hoy que te haya proporcionado placer? Imagen de Loa Vendetta @lolitavendetta
30.08.2018
Ascensión Gómez López
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Se habla muchísimo de lactancia: de sus inicios, de las dificultades, de las soluciones a los diferentes problemas. Incluso se habla muchisimo de la absurda batalla de si las mujeres que amamantan o no amamantan son mejores o peores madres, como si fuera eso algo que beneficiara a alguien (bueno, yo sí pienso que beneficia a alguien, pero eso es otro tema). Se habla de muchas cosas, mejor o peor, más o menos evidenciado, con una intención u otra; pero se habla muy poco del destete. Y, si algo hay claro en esta vida, es que todo lo que empieza, algún día termina. Así que hoy voy a hablar del destete, de todas las posibilidades de destete que tenemos, y de todo lo que pasa después de haber amamantado, que pasar, pasan cosas. Se ha generado muchas veces debate en torno a la edad del destete. Fisiológicamente hablando, desde un punto de vista totalmente mamífero, el destete en le mundo animal se da cuando la cría se puede alimentar por sí sola con un mínimo de seguridad y ha alcanzado un desarrollo mínimo, que es completamente diferente según el tamaño de cada especie. Esto, en humanos, vendría a ser entre los 5 y los 7 años de vida. Y, antes de echarnos las manos a la cabeza, repito: desde el punto de vista puramente biológico, ese sería el planteamiento. Pero no sólo somos seres biológicos. ¡Ojo! También quiero dejar constancia que los mamíferos no humanos, cuando consideran que sus crías están preparadas para la vida independiente y quieren que se desteten, no se andan con chiquitas: les gruñen, les mordisquean y les estufean lo más grande. Que no hay que seguir a la naturaleza al pie de la letra en todo, ¿eh? Recordemos que entendemos por concepto de salud (OMS) "un completo estado de bienestar, bio-psico-social, y no sólo la ausencia de enfermedad". Este concepto, aunque poco acertado para mi gusto (por lo de "completo estado de bienestar", que es algo inalcanzable) sí que me interesa recalcarlo porque abarca todas las esferas del ser humano: biológica, psicológica y social (podríamos añadirle espiritual y sería más completa aún). En fin, que me despisto. A lo que iba: si desde el punto de vista biológico, el destete se debería producir sobre los 5-7 años, ¿podemos afirmar lo mismo desde los puntos de vista restantes? Rotundamente NO. Vaya por delante que no existe ningún estudio, a fecha de hoy, que demuestre que amamntar a las criaturas hasta que ellas deseen pueda producir algún tipo de enfermedad, malestar o perjuicio, y sí hay muchos estudios que demuestran que las niñas y niños amamantados durante años tienen mejores condiciones de salud mental, física y social, que los no amamantados. Como siempre, esto es estadísitica, Y, por favor, que nadie me salga con que su hijo o su hija no mamó y está fetén, que eso no me vale. La evidencia es la evidencia, nos guste o no. Pero la evidencia, igualmente, hay que saber leerla: que haya más probabilidades de que tu hija o tu hijo esté mejor de salud por mamar no es equivalente a inmunidad, ni significa que tengas que amamantar hasta los 7 años por obligación porque si no, es que eres una mala madre. ¡Para nada! La lactancia biológicamente es la mejor forma de alimentar a un ser humano, pero también tiene un componente social y psicológico importantísimo: el placer; tanto para la madre como para su criatura. Para mi, y que me perdone quien piense que estoy diciendo un disparate, si amamantar no conlleva asociada una relación placentera, pierde gran parte de su valor. No existe la perfección en la maternidad; existen madres que hacemos lo que podemos, como podemos y cuando podemos. Amamantar es placentero, y, si no lo es, es porque hay un problema. Si hay problemas, hay soluciones. Y la solución puede ser un destete. Nadie debería juzgar a una madre que decide destetar, en el momento que sea y por las razones que sean; son suyas y de nadie más. Cuando una madre decide destetar, debería encontrar el mismo apoyo que encontró para iniciar su lactancia, incluso más, porque esta etapa, sea cuando sea, siempre supone dolor y duelo. Como profesional: escuchar, sostener y ofrecer opciones, tanto para mantener como para acabar con una lactancia. Como mujer: acompañar y comprender el dolor de otra mujer que ha tomado una decisión, que es suya, aunque no sea la que yo hubiera tomado. ¿Cómo se desteta? Pues va a depender de la edad y de cada binomio madre-criatura. No es lo mismo destetar con 6 meses, con una producción de leche muy alta y frecuente, que destetar con 3 años, que hay unos ritmos mucho menos intensos de producción de leche. En cualquier caso, la norma básica con respecto a la criatura es "no rechazar, no ofrecer" y hacer una reducción paulatina siempre que sea posible, para evitar mastitis y complicaciones. Dibujo de mi hija Violeta (8 años entonces y 3 destetada) Si decides/notequedaotra que hacer un destete brusco, deberás tomar muchas precauciones e ir vaciando el pecho, con sacaleches o a mano, lo justo para evitar mastitis y lo mínimo para evitar estimular la producción. Es un poco difícil de explicar, porque cada caso será distinto. En esta situación, mi recomendación es que te asesores con profesionales formadas en lactancia materna y hagas un seguimiento adecuado. Eso, como cuidados de la parte biológica de la lactancia. Como cuidados psicosociales, ten en cuenta que es muy fácil caer en la culpa y la autoflagelación (soy egoísta, mala madre, estoy quitando la salud de mi hij@). Es una pérdida, sea una decisión voluntaria o forzada por las condiciones, y como tal, habrá dolor. No estás loca. No eres mala. Eres tú y tus circunstancias. Y por eso es muy necesario el acompañamiento y la comprensión a una madre que desteta. Cuando el destete se produce gradualemente, y sobre todo, cuando son las niñas o los niños quienes deciden dejar la teta, aunque sea más fácil biológicamente, también hay tristeza y sentimiento de pérdida. Sea como sea, especialmente cuando las lactancias han durado mucho tiempo, es muy frecuente tener incluso durante años tras el destete, alguna producción de leche. Ten en cuenta que las mamas son fábricas de leche, que no han eliminado su capacidad sino que han dejado de producir a pleno rendimiento, y que están influidas por las hormonas que circulan por nuestro cuerpo (la oxitocina, la prolactina) con o sin lactancia. De hecho, hay fármacos que estimulan la producción de leche (como efecto secundario, me refiero) y algunos hombres incluso pueden producir leche. Así que, si han pasado meses o años desde que destetaste y alguna vez sale algo de líquido por tus pezones, es probable que sea leche y nada más. Es verdad que asusta, sobre todo porque ciertas enfermedades también tiene ese síntoma, y hay que descartar en algunos casos otras posibilidades. Pero si ocurre esta salida de leche en períodos de mucho estrés, o cuando ves u oyes un bebé llorar, o situaciones en las que se estimule tu instinto maternal, lo más probable es que sea un poco de leche y nada más. De hecho, muchas mujeres creen que cuando destetan , automáticamente dejan de procudir leche, y eso no es así: pueden estar muchos meses después produciendo leche, sin que sea un problema de salud. Espero y deseo que ninguna mujer se sienta juzgada nunca por decidir destetar a su criatura, tenga la edad que tenga y sean cuales sean sus razones. Y que puedan hacerlo de la forma más respetuosa: tanto para su criatura como también para ella y su cuerpo. La Lactancia es cosa de dos, y la salud en lactancia implica el bienestar del binomio. No puede nadie ponerse en las tetas de esa mujer, así que mejor apoyarnos y sostenernos, que hundirnos en la miseria, que para eso ya hay lobbys por el mundo. Ascensión Gómez López Mujer por nacimiento, madre por elección y matrona-fisioterpeuta por vocación
12.04.2018
Ascensión Gómez López
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Empiezo esta entrada porque llevo media mañana buscando otra que hice hace tiempo y que no encuentro por ninguna parte. Soy así; pierdo cosas que escribo y, cuando me piden recuperar esto o aquello, muchas veces no lo encuentro. Así que que toca ponerme las pilas, reflexionar sobre por qué me valoro tan poco, y reescribir. No me molesta, jeje, escribir. En fin, centrémonos. Cuando trabajo con mujeres (con o sin pareja) para conocer y afrontar mejor el parto, suelo hacer mucho hincapié en los sonidos. Por los sonidos que hace una mujer de parto, se puede saber cómo avanza o no, cómo lo está viviendo, qué momentos son adecuados para intervenir y hasta para saber el estado emocional que tiene esa mujer. Sí, las mujeres de parto hacen ruidos. Pero no ruidos de cualquier tipo, no. Ni tampoco ruidos como salen en las películas, de terror y agonía, no. La mayoría de las mujeres, cuando se sienten seguras y tranquilas, cuando se dejan llevar y confían en sus cuerpos, gimen, suspiran, gritan y sollozan, como si fuera (que lo es) una inmensa sesión de sexo. Tal cual. Cuadro de Amanda Greavette Suelo hacer una prueba en las sesiones de preparación para el parto (o más bien de desaprendizaje de cosas malas sobre el parto), en las que pongo un parto de una mujer, sin imágenes, sólo con los sonidos, y les pregunto qué sienten. La mayoría, sobre todo los hombres, se remueven en la silla y se les ve realmente incómodos e incluso violentos. Suena tan sexual y tan sensual, y lo viven como "tan fuera de lugar", que no entienden qué pretendo mostrarles, y demuestran su malestar (generalmente con lenguaje corporal: movimientos en la silla, caras de asco-susto-sorpresa, mirar para otro lado). Después, sin más, pongo la imagen, la que corresponde a esos sonidos "pornográficos" y ven que es una mujer pariendo, teniendo contracciones. Y se relajan. Un poco. Les resulta muy chocante, porque nunca se habían planteado el parto desde la esfera sexual. Ahora traslademos esto mismo a un entorno sanitario: ¿sexo en un hospital? Sí, así es. De ahí una de las grandes dificultades para entender y respetar los procesos fisiológicos de parir. Porque incomoda mucho, especialmente si el/la profesional que está enfrente no tiene una conciencia de su sexualidad y la de las demás bien asentada; especialmente cuando quien está enfrente no conoce o no entiende que parir es tan sexual como concebir, aunque en tiempos e intensidades diferentes; especialmente cuando hay más de una persona enfrente. Se ve. Se palpa. Se siente. Cuando entras en una sala donde una mujer gime y se retuerce, donde suena a sensualidad, entras con otra actitud; entras con mucha conciencia de su estado, y procuras no interferir, no molestar. Otras veces, sobre todo a medida que se acerca el momento de la salida del bebé, las mujeres expresan su dolor con gritos muy animales, como guturales, que les salen de las entrañas. Estos gritos, mezclados con los gemidos y los suspiros, también incomodan mucho al personal, porque sienten la necesidad imperiosa de callar a las mujeres, dando por hecho que sufren. No estamos muy bien preparados para acompañar el dolor, como profesionales, sino entrenados para eliminarlo, sin importar mucho las consecuencias. Y ahora piensa: ¿qué gran éxito ha alcanzado la epidural en este sentido? La epidural ha traído el silencio a las salas de parto. Ha traído con ella una sensación de calma a los profesionales que por allí están tantas horas, que ya no se sienten violentos por los sonidos sexuales, ni incómodos por los sonidos de la expresión del dolor en plan mamífera salvaje. Sin ambargo, cuando conoces y comprendes la esfera sexual y mamífera del parto, estos sonidos son una banda sonora que te transporta a otra dimensión. Cuando conoces y comprendes, y respetas, esos sonidos, puedes escuchar (literalmente) cómo la dilatación avanza, cómo pasa de una fase a otra, cómo y cuándo aparece el miedo y la mujer te necesita a su lado sin decir una palabra. Es una conexión a otro nivel, que los protocolos y las jerarquías no pueden entender. Mi compañera (y amiga del alma) Blanca Herrera y yo hicimos un taller hace unos años que se llama "Polvo o Parto". En este taller, que hemos acabado incluyendo en cursos y cualquier oportunidad que tenemos, seleccionamos imágenes de caras de mujeres en pleno orgasmo o pariendo, así como recopilamos sonidos de orgasmos y de mujeres pariendo; las pusimos mezcladas, para adivinar qué mujer estaba teniendo un orgasmo y qué mujer estaba pariendo. Las personas que están en el curso/taller deben adivinarlo. Nadie acierta 100%. Ni siquiera nosotras, que tenemos los resultados apuntados en una lista y una vez perdimos el papel y nos vimos realmente apuradas para tener la certeza de cuál era cuál. Hasta ese punto son tan inmensamente parecidos los sonidos y las caras entre mujeres pariendo y mujeres teniendo un orgasmo. Cuadro de Amanda Greavette Evidentemente, esto sólo sucede cuando la mujer pare con confianza, con seguridad y sintiéndose segura, acompañada y sostenida, sin analgesia ni otros fármacos. Y antes de que la jauría se tire en plancha a decir que estoy demonizando la epidural, les digo que para nada; la epidural es una herramienta, que, en muchas ocasiones, aporta más beneficios que perjuicios, pero esto, esta parte, la sexual del parto, la anula. Es una realidad. Y también aprovecho para hacer un poco de reflexión a las personas que trabajan con mujeres de parto sobre por qué,a veces, insisten tanto en que la mujer se ponga la epidural, o por qué les genera malestar que grite, que gima o que mueva su pelvis sensualmente. Igual nunca se han parado a pensarlo con calma...
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